Hace unos años, muchos jóvenes soñaban con independizarse, montar un negocio, comprarse un coche, viajar o construir algo importante.
Hoy, después de cientos de entrevistas de trabajo en Alvato, cada vez me hago más la misma pregunta.
¿Qué está pasando?
No hablo de todos los jóvenes.
Conozco auténticos luchadores que me sorprenden cada día.
Pero sí veo una tendencia preocupante.
Muchos llegan a una entrevista preguntando antes por los días libres que por las oportunidades de crecer.
Se preocupan más por sus derechos que por convertirse en profesionales imprescindibles.
Quieren ganar mucho… antes incluso de aportar valor.
Y eso me hace pensar.
El sueño americano no era América.
Era una mentalidad.
La idea de que, si trabajabas duro, aprendías y perseverabas, podías construir una vida mejor.
No importaba de dónde venías.
Importaba dónde querías llegar.
Hoy parece que muchos jóvenes han dejado de soñar.
No quieren crear empresas.
No quieren vender.
No quieren aprender un oficio.
No quieren equivocarse.
Quieren resultados rápidos.
Y la vida no funciona así.
En Alvato lo vivimos casi cada día.
Hacemos muchas entrevistas.
Y cada vez es más difícil encontrar personas con ganas de aprender.
No buscamos currículums perfectos.
Buscamos actitud.
Personas puntuales.
Que miren a los ojos.
Que sonrían.
Que tengan ganas de mejorar.
Que hagan preguntas.
Que quieran ser los mejores.
Porque enseñar a lavar un coche lleva pocos días.
Enseñar responsabilidad lleva años.
¿Qué estamos enseñando en casa?
Quizá hemos querido proteger demasiado.
Quizá les resolvemos demasiados problemas.
Quizá les damos comodidades que nosotros tardamos años en conseguir.
Y sin esfuerzo…
es difícil valorar las cosas.
Echo de menos una etapa que enseñaba disciplina.
Sé que esta opinión no gustará a todos.
Pero creo que muchos jóvenes se beneficiarían de vivir durante un tiempo fuera de su zona de confort.
Aprender a convivir.
A obedecer.
A cuidar su cuerpo.
A levantarse temprano.
A respetar horarios.
A trabajar en equipo.
No tiene por qué ser la antigua mili exactamente.
Pero sí algún tipo de experiencia que enseñe responsabilidad real.
Porque la disciplina no limita la libertad.
La construye.
Los padres también necesitamos respirar.
Muchos jóvenes superan los veinte años sin asumir responsabilidades.
Siguen viviendo como adolescentes.
Y eso también pesa sobre las familias.
Independizarse no es solo cambiar de casa.
Es empezar a responder por uno mismo.
El problema no son los jóvenes.
Sería injusto decir que todos son iguales.
Cada día conozco jóvenes extraordinarios, trabajadores y con una actitud que inspira.
El verdadero problema es la cultura que estamos creando.
Una cultura donde el esfuerzo parece un castigo.
Donde la frustración se evita.
Donde todo tiene que ser inmediato.
Donde las redes sociales muestran el éxito, pero pocas veces el sacrificio que hay detrás.
Y las cosas grandes necesitan tiempo.
Mi mensaje para cualquier joven.
No esperes a que alguien te cambie la vida.
Levántate.
Aprende.
Equivócate.
Trabaja.
Lee.
Entrena.
Respeta.
Haz más de lo que te piden.
Conviértete en esa persona que cualquier empresa quiera contratar.
Y si algún día decides emprender…
todavía mejor.
Porque emprender no es solo ganar dinero.
Es crear valor.
Es generar empleo.
Es resolver problemas.
Es construir algo que deje huella.
Ojalá volvamos a contagiar a nuestros jóvenes de grandes sueños.
Que vuelvan a creer que el esfuerzo merece la pena.
Que entiendan que el éxito no llega por suerte, sino por disciplina, constancia y actitud.
Porque el mundo necesita menos excusas…
y muchas más personas con ganas de construir algo.
Alicia Coronel
CEO ALVATO
Tu lavadero de coches favorito.



